Lejos quedaron los días en que Linux era solo una herramienta para servidores o hackers.
Con esa frase abrí este artículo en 2011, y en aquel momento era más un deseo mío que una descripción. Hoy, quince años después, es sencillamente cierta: cerca del 90% del catálogo de Steam corre en Linux, y millones de personas juegan todos los días en una consola portátil que por dentro tiene una distribución de Linux.
En este artículo veremos cómo se llegó hasta acá, y —sobre todo— cómo jugamos hoy.
Primero, la anécdota
En la versión original recomendaba Cedega, un programa comercial de la empresa TransGaming que servía para correr juegos de Windows en Linux.
Lo que no sabía al escribirlo es que el servicio de Cedega había cerrado el 28 de febrero de 2011. Publiqué esto el 4 de marzo. Cuatro días tarde.
Me río, pero el detalle importa por otra razón: Cedega fue el camino que no prosperó. Era un fork privativo y pago de Wine, y su modelo era ese — pagar una suscripción para que alguien resolviera la compatibilidad por nosotros. El camino que sí funcionó fue exactamente el contrario, y tardó otros siete años en aparecer.
Wine, que siguió ahí todo el tiempo
Cuando escribí esto expliqué qué es Wine, y esa parte no la toco porque no cambió:
Wine es el acrónimo de Wine Is Not an Emulator. No es un emulador porque un emulador duplica el entorno completo en el que un programa vive, incluida la arquitectura del procesador. Wine, en cambio, implementa una capa de compatibilidad: traduce las llamadas que un programa hace a Windows por sus equivalentes en Linux.
El proyecto arrancó en 1993 y llegó a su primera versión estable en 2008, después de quince años. Esa lentitud, que en 2011 parecía una debilidad, terminó siendo su fortaleza: cuando llegó el momento, había una base sólida sobre la cual construir.
Lo que faltaba: los gráficos
El problema real nunca fue Wine, sino Direct3D, la biblioteca gráfica de Microsoft que usan casi todos los juegos. Traducirla a OpenGL era lento y estaba lleno de detalles imposibles de replicar.
La pieza que faltaba llegó de un lado inesperado: Vulkan, una API gráfica abierta publicada en 2016, mucho más parecida a lo que Direct3D hace por dentro. Con Vulkan disponible, traducir se volvió viable:
- DXVK traduce Direct3D 9, 10 y 11 a Vulkan.
- VKD3D-Proton hace lo mismo con Direct3D 12.
Y acá está lo bueno: esas traducciones a veces corren más rápido en Linux que el original en Windows, porque Vulkan tiene menos sobrecarga.
Proton, o cuando una empresa apostó fuerte
El 22 de agosto de 2018, Valve —la empresa detrás de Steam— publicó Proton: un fork de Wine con DXVK adentro, integrado directamente en el cliente de Steam.
La diferencia con Cedega es total. Cedega era privativo, pago y separado. Proton es software libre, gratuito, y sus mejoras vuelven a Wine. Y sobre todo: no hay que configurar nada. Se tilda una casilla y el juego arranca.
Eso último es lo que cambió todo. En 2011 yo dedicaba dos pasos, un gestor de paquetes y una lista de repositorios a dejar un juego funcionando. Hoy son dos clics.
El empujón final: la Steam Deck
En febrero de 2022 Valve sacó la Steam Deck, una consola portátil que por dentro corre SteamOS, que es Linux. Para mediados de 2025 se habían despachado alrededor de 5,6 millones de unidades.
El efecto fue el que Valve buscaba: de golpe hubo millones de personas jugando en Linux sin saberlo ni tener que enterarse, y los estudios de videojuegos tuvieron un motivo comercial concreto para que sus juegos anduvieran ahí.
¿Y cómo estamos hoy?
Los números de finales de 2025:
- Alrededor del 90% de los juegos de Windows arrancan en Linux vía Proton.
- Unos 106.000 de los 117.881 juegos de Steam son jugables.
- El 42% de los lanzamientos nuevos llega con calificación Platinum, que significa que funciona perfecto sin tocar nada.
Para dimensionarlo: en 2011 yo celebraba poder correr algunos juegos con maña y suerte.
Manos a la obra, versión 2026
Lo más simple: Steam
- Instalamos Steam desde el gestor de paquetes de nuestra distribución, o como Flatpak.
- Vamos a Steam → Configuración → Compatibilidad.
- Activamos «Habilitar Steam Play para todos los demás títulos».
Listo. Con eso, cualquier juego de nuestra biblioteca —esté marcado para Linux o no— se puede instalar y jugar.
Antes de comprar: ProtonDB
https://www.protondb.com es una base de datos comunitaria donde la gente reporta cómo le fue con cada juego. Las calificaciones van de Borked (no arranca) a Platinum (anda perfecto sin tocar nada). Conviene consultarla antes de comprar algo.
Para lo que no está en Steam: Lutris y Heroic
PlayOnLinux, el que recomendaba entonces, todavía existe, pero hoy hay opciones mejores:
- Lutris — el sucesor espiritual de PlayOnLinux. Instala juegos de cualquier origen con scripts hechos por la comunidad.
- Heroic Games Launcher — para las bibliotecas de Epic Games, GOG y Amazon.
Verificar que Vulkan esté andando
Como todo se apoya en Vulkan, conviene confirmar que el sistema lo tenga:
sudo apt install vulkan-tools # o dnf install vulkan-tools
vulkaninfo --summary
Si aparece nuestra placa de video en la lista, estamos listos.
Lo que todavía no anda
Sería deshonesto cerrar sin esto. Ese 10% que no funciona no es casualidad ni falta de esfuerzo: son casi todos juegos con anti-cheat a nivel de núcleo.
Los dos sistemas más usados, Easy Anti-Cheat y BattlEye, ya tienen soporte para Linux: alcanza con que el estudio lo active con un tilde. El problema es que muchos no lo activan, por desconfianza o por política. Así que la barrera que queda no es técnica, es una decisión comercial — que es una forma bastante mejor de estar trabado que en 2011, cuando el problema era que la tecnología no existía.
Piezas de museo
Estas capturas son del artículo original, de 2011. Las dejo tal cual porque muestran bastante bien cómo era la cosa entonces.

Esa era la interfaz de PlayOnLinux: una lista de juegos y programas con scripts hechos por la comunidad, donde cada entrada era el resultado de que alguien se sentara a averiguar qué combinación de versión de Wine y bibliotecas hacía andar ese título en particular. Hoy Steam hace lo mismo con una casilla tildada.

Y esta era mi favorita: Microsoft Word 2007 corriendo sobre Ubuntu 10.10. En 2011 mostrar esto era casi un truco de magia. Que hoy suene poco impresionante es exactamente la medida de lo que cambió.

Y el logo de Cedega, el programa que recomendé cuatro días después de que lo dieran de baja. Lo dejo acá como recordatorio de que a veces uno le acierta al pronóstico y le erra a todo lo demás.
Para cerrar
En 2011 aposté a que jugar en Linux iba a dejar de ser una excentricidad. Me equivoqué en la herramienta —elegí justo la que estaba cerrando— pero le pegué a lo importante, y con siete años de anticipación sobre Proton.
Lo interesante es cómo pasó. No fue una empresa vendiéndonos compatibilidad por suscripción, que era el modelo de Cedega. Fue Wine avanzando despacio durante veinticinco años, Vulkan apareciendo en el momento justo, y una empresa decidiendo que le convenía poner ese trabajo en manos de todos.
Y sí: mis capturas de entonces tenían una marca de agua que decía Caleidoscopio. Así se llamaba este blog antes de llamarse Binarios.
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Texto e imágenes de Cristian Bottazzi bajo CC BY-NC-SA 4.0.

